09 dic

Lo usado tiene mucho valor

Hablar de economía circular, aquella en que los productos recorren un ciclo y nada se desperdicia del todo, es, en realidad, una tautología. La economía siempre ha sido, en la medida de lo posible, circular: la lineal, la de usar y tirar, ha sido y es todavía una excepción histórica insostenible a largo plazo. “A mí, cuando me hablan de economía circular, pienso en mi abuela embotando tomates”, explica Eduardo de Lecea, director general de Sigaus, la patronal del reciclaje de aceites industriales. “No estamos inventando nada”.
En 2004 se generaron en España 160 millones de toneladas de residuos, según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama). En 2012, la cifra se había reducido a 118 millones, y no solo por la crisis: la cifra no ha aumentado durante todo el periodo. Los hogares son responsables de menos de una quinta parte de esa cifra, una fracción menor de lo que producen el sector servicios, la construcción o la minería.
El reciclaje doméstico, muy minoritario hace un cuarto de siglo, es hoy una realidad engranada en la mente de los españoles. “Todos estamos de acuerdo con que no podemos seguir consumiendo como lo hacemos ahora”, considera Gabriel Leal, director general del Sistema Integrado de Gestión de Neumáticos Usados (Signus). De hecho, según Eurostat, el 61% de los residuos se “valoriza”, frente al 49% de los Veintiocho; y, consecuentemente, solo el 37% acaba en vertederos, frente al 45% del conjunto de la Unión.
Eso es música para los oídos del sector, que unánimemente resalta la buena situación de la economía circular en España con respecto a otros países del entorno inmediato, que, además de por la concienciación, es atribuible a las facilidades que tienen los españoles para reciclar. Como, por ejemplo, el número de contenedores especializados: hay 200.000 solo de vidrio. “Una de las tasas de contenedorización más altas de Europa”, señala José Manuel Núñez-Lagos, director general de Ecovidrio.
Pero aún se puede mejorar. “La ciudadanía reclama pasos de verdad”, considera Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembes. “No hay una opción b. No podemos volver marcha atrás”. Según los últimos datos del INE, de 2012, solo el 18% de los residuos sólidos urbanos de España se recogieron de forma separada. Es una responsabilidad y un potencial de negocio del que el sector no abdica. “Cuando llegamos, en plena crisis, hablamos con el sector y nadie nos dijo: ‘Queremos disminuir las presiones ambientales”, explica la directora general de Calidad, Evaluación Ambiental y Medio Natural, Guillermina Yanguas.
Estrategia europea
La industria tiene sus expectativas puestas en la estrategia comunitaria sobre economía circular, que la Comisión Europea debe presentar antes de final de año. En junio, más de 700 delegados participaron en Bruselas en una conferencia sobre la industria con la presencia de dos de los siete vicepresidentes de la Comisión.
Entre las principales demandas del sector a Bruselas, están definiciones claras de qué es y qué no es un residuo y cómo contabilizarlo, lo que permitirá no solo homogeneizar productos y servicios, sino además, al fin, hará posible tener estadísticas precisas sobre cómo y cuánto recicla Europa. “Es una oportunidad no solo ambiental, sino también económica y social”, señala Yanguas. “La economía circular es una de las estrategias de la UE para una nueva economía”, coincide Óscar Martín. “La propia Comisión afirma que si los países de la UE reciclásemos el 70% de nuestros residuos, podríamos generar medio millón de puestos de trabajo”.
Mientras esa estrategia (y sus derivadas legales) no llega, España ha dado un primer paso con la aprobación del Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (Pemar), aprobado el pasado día 15 por el Consejo de Ministros. Entre los objetivos del plan, es que en 2020 el 50% de los residuos domésticos estén preparados para su reaprovechamiento. En 2012, era el 29%.
La industria coincide en su aprobación al plan. “Ni Francia, ni Reino Unido ni Alemania tienen algo que se parezca al Pemar”, celebra Gabriel Leal. “La Administración ha dado el paso necesario”, considera Óscar Martín. “La nueva ley reconoce el reciclaje de calidad y apuesta por la sensibilización de la ciudadanía. Faltaba el desarrollo de instrumentos económicos y lo pone sobre la mesa”. “Lo que más nos parece relevante es que implanta incentivos y desincentivos para mejorar”, indica Núñez-Lagos.
“Sin la implicación de las Administraciones locales no reciclaríamos hoy el 73,7% del papel que producimos”
Pero el plan es solo un primer paso. “Es el momento de mirar al futuro y ver qué nos va a ofrecer el nuevo marco jurídico”, afirma Eduardo de Lecea. “Hay que ver qué es lo que ha funcionado y qué no. Ahora tenemos objetivos más ambiciosos: un reciclaje del 100% en residuos industriales, tasas de regeneración superiores a los dos tercios de ahora”. “La ley, además de poner una serie de escalones a alcanzar, debe abrir puertas”, considera Gabriel Leal. “Si no conseguimos que los productos elaborados con residuos puedan entrar en la economía, todas las buenas intenciones quedarán en palabras”. Para Leal, el instrumento está claro: “Medidas fiscales”.
Para la industria, se trata de que la economía circular sea una política de Estado que trascienda las jerarquías de la Administración. Su obsesión es que el Estado vea que el reaprovechamiento de los materiales va más allá de la sostenibilidad medioambiental: es una herramienta para ahorrar dinero y crear puestos de trabajo.
“Aunque tenemos un apoyo importante en Industria y Medio Ambiente, hay vías de mejora”, afirma Martín. “Hay que implicar al Ministerio de Economía, y el de Educación es fundamental para sensibilizar a la gente”. “Hacen falta muchos más esfuerzos por parte de las Administraciones públicas”, coincide Leal. “Es difícil gestionar todo el tema a nivel nacional. No es lo mismo hablar con Medio Ambiente que con Fomento”.
“El problema no es tanto con los ministerios, ahí la colaboración ha sido positiva”, indica Lecea. “Ha sido más con las comunidades autónomas, que son las que deben bajar al terreno e implantar las políticas. Las reglas del juego deben aplicarse a todos, y hay CC?AA que piden cosas completamente distintas que su vecina”. Pero matiza: “Ojo, las cosas funcionan bien; no es que sea un problema, pero quita agilidad”. Y concluye: “Ahí hay espacio para la mejora”.
Martín no se olvida de las historias de éxito: “Sin la implicación de las Administraciones locales no reciclaríamos hoy el 73,7% del papel que producimos”, considera. “Ahí sí es donde se ve la verdadera colaboración público-privada”.
La palabra clave para el sector es “seguridad jurídica”, imprescindible cuando se habla de inversiones que rondan los millones de euros. “El único color posible de las políticas medioambientales debería ser el verde”, apunta Martín. “Hay que quitarle el color político”.
Modelos
La Pemar consolida el modelo de responsabilidad ampliada del productor, que impone a los fabricantes de productos la tarea de, directa o indirectamente, hacerse cargo económicamente de tratar los residuos que producen. El sector aplaude el modelo como la forma más sencilla de garantizar la sostenibilidad económica del reciclaje.
Pero hay partes del sistema donde la responsabilidad no está clara. “Donde hay un motor, hay aceite”, relata De Lecea. “Es transversal a la industria. Y, ahora mismo, la responsabilidad se fragmenta entre fabricantes en función de los productos finales. Por cada kilo de aceite de motor que Repsol pone en el mercado, Repsol debería responder de ese kilo. Pero no pasa eso. Si se lo vende a una industria, o se mete en un automóvil nuevo, la responsabilidad pasa a esa industria o al fabricante de ese automóvil. Esto complica la supervisión y el control, y, sobre todo, ¿quién lo financia? Al final las empresas extranjeras no entienden bien cómo funciona”.
Desde el ministerio se defiende lo logrado hasta ahora. “La propia Comisión Europea ha reconocido que estamos hablando de políticas horizontales y transversales”, afirma Yanguas. “A la hora de elaborar el paquete de medidas de economía circular, la Comisión no solo ha contactado con Medio Ambiente. Hemos tenido muchas reuniones con ministerios y dentro de la Administración, y al final el Ministerio de Exteriores ha coordinado las respuestas”.
La directora general también aplaude la actual relación con las comunidades autónomas. “La Comisión de Coordinación de Residuos ha funcionado muy bien”, indica. “Tenemos la obligación de aprobar normas consensuadas”. Yanguas afirma que ni siquiera la diversidad política como consecuencia de las últimas elecciones ha ralentizado el buen trabajo. “Tras las elecciones, la relación con los nuevos directores generales es muy buena, todos quieren aprender de las CC?AA que lo hacen bien”.
Empleo de calidad
Sobre todo, la industria presume de su importancia económica y su creación de empleo de calidad. “Nuestro sector genera 8.000 empleos entre directos e indirectos, y de calidad, porque no son fácilmente deslocalizables; estamos donde están los residuos”, considera Núñez-Lagos. “Hemos invertido 75 millones de euros en concienciación y vamos a invertir ocho millones al año”. “Tenemos siete plantas de reciclado que cuestan entre 10 y 12 millones de euros cada una, que producen aceite reusado y fuel­óleo y generan 1.000 empleos”, enumera De Lecea. “Aportamos de 30 a 35 millones al año al mercado en inversiones, y a la vez el coste al usuario se ha reducido en más de un 37%”, apunta Leal. Somos 12 empresas, el doble de las que había hace 6 años, tenemos 39 recogedores”.
El sector espera que las nuevas normas, así como una concienciación cada vez mayor de la ciudadanía, generen aún más crecimiento. “Tenemos una oportunidad increíble”, defiende Martín. “Hoy generamos 42.600 puestos de trabajo en España, y más que tenemos previsto cuando llevemos la tasa de reciclaje al 80% en 2020”. Yanguas coincide con estas optimistas previsiones: “Si se aplicase toda la directiva de residuos, hablaríamos de 52.000 empleos más en toda España”.
Y el progreso tecnológico, prevé la industria, permitirá mejorar aún más la situación, gracias a diseños más inteligentes. En palabras de Martín, “el mejor residuo es el que no existe”.
Vía: El País
Foto de Daniel Lobo (cc)


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